DESAHAGANSE DE LOS SUEÑOS



                            
¡No hay límite a las bendiciones de Dios!

No se equivoquen, pueden muy bien encontrar en la Tierra, un ser que no es físicamente bello y aún así llevar por dentro la belleza más grande. Esto simplemente se debe porque este ser no le presta más importancia a la apariencia.

Al momento de reencarnar, él escogió a sus padres principalmente porque en su código genético y energético resultaron tener la mejor vibración. Ni modo si en el aspecto físico no son muy agraciados y por ejemplo, le heredan una nariz muy torcida.

Este ser se dice:

« No es grave, soy feliz conmigo mismo, estoy en paz, lleno de amor, lleno de luz, para no importarme la nariz que tendré. Además, si estoy dispuesto a dedicar algo de tiempo, hasta puedo corregirla, entonces no voy a privarme de la posibilidad de tener una genética tan eficiente y adecuada a mis necesidades, sólo por una nariz fea. »

Su manera de abordar el asunto es la correcta, pero muchas personas hacen lo contrario, se frustran y dicen: “No, no, no, yo no quiero de esa herencia genética porque me va a dar piernas torcidas o falta de estética, etc.”

Entonces los Señores del Karma deben empujar la persona en la encarnación explicándoles: “pero no importa, con esta herencia tendrás la posibilidad de disponer de un cerebro muy eficiente que te permitirá comprender todo tipo de cosas de manera muy profunda.”

                                     ¿Y qué sucede?

Que al momento de nacer, la joven alma estará gritando “yo no  quiero de este cuerpo” y como especialmente lo rechazó por las piernas torcidas, al vivir en la Tierra, la persona estará completamente acomplejada y obsesionada sobre ese detalle de su cuerpo, y más aun que las había rechazado antes de nacer.

Todo el mundo nace con algo que rechazó de la manera como acabo de describirlo. Sin embargo, deben de saber que tienen la posibilidad y el poder para borrar todo rechazo que hayan podido hacer al momento del nacimiento. ¿Cómo?

De una manera muy sencilla. Puesto que el ser que rechazó “allá arriba” es el mismo que vive “aquí abajo”, simplemente tiene que mirar sus piernas torcidas y decirse:

« Las piernas, después de todo son hechas para caminar, para desplazarse. Hay quienes no tienen piernas, yo las que tengo me portan muy bien.

Ok, es cierto que la estética puede dejar que desear, pero ellas me sirven muy bien en su función. Y además es temporal, puesto que el propósito de mi estancia en la Tierra es de desarrollarme lo suficiente para poder liberarme de la materia e ir a lo divino.

Pensándolo, gracias Señor por darme estas piernas, que aunque la matriz humana – por el nivel de evolución en el que se encuentra – no permite que sean piernas perfectas, pero al final de cuentas prefiero tener las piernas torcidas y un corazón noble que tener las piernas bellas y un corazón ruin. »

Tan pronto como hacen el inventario de lo que no les gusta en ustedes, de lo que rechazaron al momento de reencarnar, y hacen las paces con ustedes mismo, entonces pueden verdaderamente considerarse como discípulos, no antes.

Es sólo cuando se ha hecho la paz al interior de uno y con uno mismo que se crea el espacio suficiente en sí mismo para que resuene el nombre de Dios y que el Maestro aparezca.

 Cuando no hay ese espacio en ustedes, el nombre de Dios no puede resonar. Y esa abertura no se puede instalar si no hay paz.

Ahora bien, la paz no puede existir en el humano que se detesta, en aquel que cada vez que se ve al espejo no dejar de mirar y quejarse por su nariz torcida o sus piernas torcidas, o porque su piel es oscura, o al contrario porque su piel no se broncea bajo el sol, o porque sus ojos son marrones en vez de azules, o porque sus caderas son planas en vez de ser redondas, etcétera, etc.

(Pastor, 25-06-89)

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