DESAHAGANSE DE LOS SUEÑOS
No se equivoquen, pueden muy bien encontrar en la Tierra, un ser que no es
físicamente bello y aún así llevar por dentro la belleza más grande. Esto
simplemente se debe porque este ser no le presta más importancia a la
apariencia.
Al momento de reencarnar, él escogió a sus padres principalmente porque en
su código genético y energético resultaron tener la mejor vibración. Ni modo si
en el aspecto físico no son muy agraciados y por ejemplo, le heredan una nariz
muy torcida.
Este ser se dice:
« No es grave, soy
feliz conmigo mismo, estoy en paz, lleno de amor, lleno de luz, para no
importarme la nariz que tendré. Además, si estoy dispuesto a dedicar algo de
tiempo, hasta puedo corregirla, entonces no voy a privarme de la posibilidad de
tener una genética tan eficiente y adecuada a mis necesidades, sólo por una
nariz fea. »
Su manera de abordar el asunto es la correcta, pero muchas personas hacen
lo contrario, se frustran y dicen: “No, no, no, yo no quiero de esa herencia
genética porque me va a dar piernas torcidas o falta de estética, etc.”
Entonces los Señores del Karma deben empujar la persona en la encarnación
explicándoles: “pero no importa, con esta herencia tendrás la posibilidad de
disponer de un cerebro muy eficiente que te permitirá comprender todo tipo de
cosas de manera muy profunda.”
¿Y qué sucede?
Que al momento de nacer, la joven alma estará gritando “yo
no quiero de este cuerpo” y como especialmente lo rechazó por las
piernas torcidas, al vivir en la Tierra, la persona estará completamente
acomplejada y obsesionada sobre ese detalle de su cuerpo, y más aun que las
había rechazado antes de nacer.
Todo el mundo nace con algo que rechazó de la manera como acabo de
describirlo. Sin embargo, deben de saber que tienen la posibilidad y el poder
para borrar todo rechazo que hayan podido hacer al momento del nacimiento. ¿Cómo?
De una manera muy sencilla. Puesto que el ser que rechazó “allá arriba” es
el mismo que vive “aquí abajo”, simplemente tiene que mirar sus piernas
torcidas y decirse:
« Las piernas, después
de todo son hechas para caminar, para desplazarse. Hay quienes no tienen
piernas, yo las que tengo me portan muy bien.
Ok, es cierto que la estética puede dejar que desear, pero ellas me sirven
muy bien en su función. Y además es temporal, puesto que el propósito de mi
estancia en la Tierra es de desarrollarme lo suficiente para poder liberarme de
la materia e ir a lo divino.
Pensándolo, gracias Señor por darme estas piernas, que aunque la matriz
humana – por el nivel de evolución en el que se encuentra – no permite que sean
piernas perfectas, pero al final de cuentas prefiero tener las piernas torcidas
y un corazón noble que tener las piernas bellas y un corazón ruin. »
Tan pronto como hacen el inventario de lo que no les gusta en ustedes, de
lo que rechazaron al momento de reencarnar, y hacen las paces con ustedes
mismo, entonces pueden verdaderamente considerarse como discípulos, no antes.
Es sólo cuando se ha hecho la paz al interior de uno y con uno mismo que se
crea el espacio suficiente en sí mismo para que resuene el nombre de Dios y que
el Maestro aparezca.
Ahora bien, la paz no puede existir en el humano que se detesta, en aquel
que cada vez que se ve al espejo no dejar de mirar y quejarse por su nariz
torcida o sus piernas torcidas, o porque su piel es oscura, o al contrario
porque su piel no se broncea bajo el sol, o porque sus ojos son marrones en vez
de azules, o porque sus caderas son planas en vez de ser redondas, etcétera,
etc.
(Pastor, 25-06-89)

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