El YO

Una sola conciencia ―la Consciencia― fluye a través de toda esta infinidad deformas, y lo que sucede en cada una de ellas, incluyendo la mía, carece en verdad de relevancia. Hay que cooperar de todo corazón con lo inevitable. Uno se da cuenta de que este yo, este Enric, no existe, es la expresión de una ínfima parte de una Energía que se expresa a sí misma en Sí Misma. Ya no existe la necesidad de controlar, de hacer planes, de tomar decisiones.

Todo es una concatenación de sucesos que siguen una línea de pensamientos, como un hilo de Ariadna que conduce sin remedio a un final que cada cual cree que es real. Este final es el fin de la experiencia, pues la Consciencia, una vez se experimenta en infinidad de posibilidades, retorna a su seno a medida que esas partes de Sí Misma despiertan, dejando de creer que ellas crean la experiencia para Comprender que no son parte de algo, sino un todo en vibración con un Todo.

Llegado este momento, esta llama de Consciencia se pregunta: "¿Debo seguir en el mundo de la experiencia?". La respuesta es que no puedes elegir estar o no estar. Tienes que comprender que este despertar forma parte de la experiencia misma, de la experiencia de Todos.

La persona que crees ser, la persona que se identifica con el cuerpo, no es más que una ilusión psicológica. No existe un Enric; es solo una proyección, un estado de conciencia, no la Consciencia misma. La conciencia se identifica con todo lo que cree ser: deseos, pensamientos, objetos, personas, nacionalidades, etc. Todo aquello de lo que uno es consciente no es el Yo.

Por eso hay que dejar de identificarse con todo lo que nos rodea y con el cuerpo. Estás aquí, en este momento, en esta vivencia, en esta experiencia, simplemente para trascenderla y liberarte, para hacerte Consciente, para que todas las partes de este Todo despierten de este mundo de dolor, sufrimiento, enfermedad y muerte.

Al final, uno descubre que todo lo que actualmente considera como sí mismo ―incluyendo el ego y la mente― no es Consciencia, es sencillamente conciencia de uno mismo en diferentes cosas.

Lo que es real no muere. Lo que no es real nunca vivió. Cuando sabes que la muerte le sucede al cuerpo y no a ti, simplemente observas tu cuerpo decaer como si fuera una prenda de ropa usada. Lo que tú realmente eres es atemporal y se encuentra más allá de la vida y de la muerte. El cuerpo vivirá lo que sea necesario. No es importante que viva mucho. 11

El Tú: ―Entonces, ¿el miedo a la muerte?

Es cierto que el binomio cuerpo-mente está experimentando dolor y sufrimiento en el proceso de vivir la vida. Envejecer conlleva los achaques propios del deterioro del cuerpo ―gracias a la entropía―, y ciertamente pueden provocar miedo. Morir con dolor, abandonado, en soledad, obviamente puede inspirar miedo. La experimentación de la muerte no existe, pues el Ser que eres no puede morir. Lo que muere es la experimentación en este mundo, y según la conciencia que haya desarrollado este yo experimentará otras realidades allí donde la Consciencia decida experimentarse a Sí Misma.

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