YO NO SOY EL CUERPO
¿Dónde estaba “yo” antes de nacer?, ¿dónde estaré “yo” dentro de
cien años? “Eso”, que permanece inalterado y más allá de las condiciones
espacio-temporales y está más allá de una forma (cuerpo) y un nombre
individual, soy “Yo” (es decir, “Yo” sin “yo”).
Usualmente se dice que no somos el cuerpo, ni la mente, ni los
sentimientos, ni los deseos, etc., pero esa misma reflexión-negación (neti,
neti) sigue siendo un proceso conceptual. Ciertamente no hay nada malo en la
idea «yo soy el cuerpo», siempre y cuando se comprenda que no somos solo un
cuerpo (o una mente) que tiene un nombre y que nació en tal fecha.
Simplemente
hay que comprender que quien toma erróneamente este cuerpo como “yo” es la
mente, porque “Yo” es una realidad omniabarcante y trascendente (transmental o
supramental) que abarca no solo el “yo”, sino también el “tú” y el “ello”, es
decir, Todo (y por tanto, también es Nada).
NOTA:
Vanidad
de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad. Eclesiastés 1
A
la pregunta ¿quién soy yo? el Advaita suele responder con la metáfora del
cuenco con agua que es devuelta al lago, o del riachuelo que vuelve al mar ¿Puede
alguien distinguir cuáles son las aguas de los diferentes ríos que confluyen en
el mar? De la misma manera, ¿cómo distinguir esa partícula de consciencia
“individual” que constituye el “yo” cuando se sumerge en la consciencia total
que es el “Yo” o “Eso”.
Es
más, en última instancia no existen diferencias entre el agua de mar, el agua
de lago, el agua de río o el agua del grifo. Todas son agua que arrastra sales
y demás componentes u adherencias minerales según discurra por diversos
lugares. Por eso, al igual que el agua no tiene partes separadas, pensar que
uno es aparte de la Fuente Primordial no deja de ser una pretensión creada por
el ego.
Para
el Advaita, la consciencia individual, entendida como la sensación «yo soy un
individuo o un alma confinada dentro de los límites de un cuerpo», es una forma
distorsionada de la consciencia pura «yo soy» que aspira a prolongar el “deseo
de ser alguien; alguien separado, alguien especial; alguien con su propia
historia y que se encuentra completamente atrapado en este estar tejiendo la
telaraña personal, en este estar construyendo y sosteniendo la historia
personal, impulsado por el afán de afirmar y reconfirmar de continuo el yo
individual” (David Carse, PBC, p. 101).
En suma, para el Advaita, no es el individuo el que tiene
consciencia, es la Consciencia la que asume innumerables formas. Pero estamos
tan acostumbrados a pensarnos como cuerpos que tienen consciencia, que no
concebimos que sea la Conscien- cia quien sostiene los cuerpos.
YO NO SOY LA MENTE
Se afirma que “la mente es ella misma la polución, siempre. La
mente misma es la magia maravillosa. La mente misma es la gran ilusión. La
mente es como el hijo de una mujer estéril. La mente misma es pensamiento, y la
mente misma es egoidad” (Ri- bhu Gita, p. 59).
De nuevo estamos ante otra paradoja; a pesar de la desconfianza
del Advaita hacia el conocimiento, no obstante, se afirma que es el propio
conocimiento el que puede ayudarnos a salir del laberinto de los conceptos para
descubrir qué o quién somos en realidad.
Ciertamente, la mente es necesaria en la vida diaria, pero
intentar comprender la metafísica por medio de conceptos es como buscar los
cuernos de una liebre
“Los órganos del conocimiento, los sentidos, los órganos de
acción, la vigilia, el sueño con sueños, el sueño profundo, y todos los demás
estados son todos como los cuernos de una liebre. Toda esclavitud, toda
«liberación», todo «conocimiento», Dios, todo el tiempo, y toda instrucción son
todos como los cuernos de una liebre” (Ri- bhu Gita, p. 51).
El buscador recrea conceptos transcendentes como Dios, karma,
reencarnación, salvación, y, por tanto, se ve obligado a mantenerlos,
defenderlos e incluso imponerlos a los demás viviendo con la angustia de
perpetuarlos. No obstante, siendo el mundo (nuestro mundo) una mera
proyección de nuestros pensamientos, la cuestión sería más bien cómo salvar tal
mundo de nosotros mismos.
El
paso principal consiste en comprobar experimentalmente que la mente no es nada
más que el pensamiento «yo», es decir, que la mente y el ego son lo mismo; “La
mente es un paquete de pensamientos. Los pensamientos surgen debido a que
hay el pensador. El pensador es el ego. El ego, si es buscado, se desvanecerá
automáticamente.
El
ego es el pensamiento-raíz del que surgen todos los demás pensamientos” (Sri
Ramana Maharshi, CRMI, p. 442). Llegados a este punto, cabe preguntarse; ¿qué
hay por encima de la mente? O, empleando el lenguaje Advaita, ¿quién
observa la mente?, ¿quién es testigo de los pensamientos? Sin duda, la
consciencia.
PERO
YO NO SOY CONSCIENCIA
Una
de las aportaciones más trascendentes de la mística de la India es la
experiencia de la consciencia-testigo, es decir, la consciencia desprendida de
las adherencias psicomentales, físicas y de sus condicionamientos genéticos y
culturales individuales. Mientras la consciencia se involucra en los
pensamientos, la mente parece tener su propia autonomía, pero
cuando retiramos la atención de todos los pensamientos
descubrimos que la mente no es nuestra última realidad; hay vida más allá de la
mente.
Todos experimentamos el hecho de pensar, incluso podemos ser
testigos de pensar, es decir, ser conscientes de que estamos pensando. Pero
podemos dar un paso más cuando somos conscientes de que somos
conscientes. En ese momento se produce un bucle que
detiene el flujo metal y nos sitúa en un estado de autoconsciencia o de
consciencia pura.
Allí
no hay pensamientos o, si quedan, son observados con total desapego y
neutralidad. Pero inmediatamente también observaremos nuestra incapacidad para
permanecer estables en dicho estado porque los pensamientos requieren nuestra
atención.
Pues
bien, ese estado de consciencia individual “yo soy”, libre de
pensamientos, es lo que en la terminología religiosa se denomina «alma»
y constituye la puerta o preliminar hacia el estado de consciencia universal e
ilimitada «Yo soy», que es lo que se llama «espíritu», «corazón», «núcleo del
alma» o «Dios».
Y
se la llama Dios porque tal consciencia “yo soy” es la fuente original de la
que surge la dualidad, es decir, Dios-mundo, Creador-Creación. Este hecho
explica que el nombre de DIOS, es literalmente “yo soy”. Ello coincide con el
secreto nombre de Dios que aparece revelado a Moisés en Éxodo (3. 14); «YO SOY
EL QUE SOY»
Y
en el Evangelio de San Juan dice que «Antes de que Abraham fuera, yo soy»
(8.58), colocándose ese «yo soy» al final de la frase para acentuar el
significado de «yo soy» pretendido por Jesús. Ahora bien, este “yo soy” no es
un pensamiento; “yo soy” no consiste en pensar en “yo soy”.
Por
eso conviene distinguir entre el «yo» como Dios y el pensamiento «yo soy». Una
cosa es experimentar la autoconsciencia o «Yo soy» y otra cosa es pensar que
«Yo soy».
Fuente: http://omnia.ddns.me:9100/no-dualidad/yo-no-soy-el-cuerpo-ni-la-mente-y-tampoco-la-conciencia/
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