Viendo a
través del ojo de la contemplación
Una entrevista
con Ken Wilber
Ken explica en esta entrevista
por qué querría un Dios omnisciente y todopoderoso crear un universo. Luego
describe un enfoque de la espiritualidad basado en la experiencia directa en
lugar de en la creencia o el dogma ― una experiencia que se puede cultivar
mejor a través de un enfoque genuinamente integral de la práctica espiritual.
Pregunta: ¿Por qué el Espíritu se molesta en manifestarse, sobre
todo teniendo en cuenta que esa manifestación es necesariamente dolorosa y
exige el olvido de Su verdadera identidad? ¿Por qué ―dicho de otro modo― Dios
se encarna?
Ken Wilber: ¡Vaya, vaya, ya veo que empezamos con las preguntas
sencillas! Empezaré, pues, dándole algunas de las respuestas con las que, a lo
largo de los años, se ha intentado responder a esta pregunta y luego le hablaré
de mi propia experiencia personal al respecto.
Esta misma pregunta se la he
hecho a varios maestros espirituales y uno de ellos me dio una respuesta rápida
y muy típica: "Porque cenar solo no resulta nada divertido".
Supongo que se trata de una
especie de impertinencia, pero cuanto más pienso en ello más sentido parece
tener. Supongamos, de un modo, por cierto, un tanto blasfemo, que usted y yo
somos el Espíritu, Tat Tvam Asi [Tú Eres
Eso]. ¿Para qué deberíamos ―si somos Dios Todopoderoso― crear un mundo si, como
usted dice, necesariamente debe
ser un mundo de separación, confusión y sufrimiento? ¿Por qué usted, en tanto
que Uno, debería crear a los Muchos?
Pregunta: ¿Porque no es nada divertido tener que cenar sólo?
KW: ¿No cree que, en tal caso, las cosas tendrían cierto
sentido? ¿Qué haría usted, si fuera el Uno, el Único y el Infinito, permanecer
inmerso en su gloria por toda la eternidad complaciéndose en su propio deleite
por los siglos de los siglos? ¿Y luego qué? No es de extrañar que, más pronto o
más tarde, usted llegue a la conclusión de que sería divertido ―y con ello
quiero decir exactamente divertido―
pretender que usted no es usted. ¿Qué otra cosa cree que podría, en tal caso, hacer?
Pregunta: ¿Crear un mundo?
KW: ¿No le parece acaso tal cosa posible? Porque entonces
la cosa comienza a ponerse interesante. ¿No ha jugado usted, siendo niño, al
parchís consigo mismo? ¿Ha hecho usted alguna vez algo parecido?
Pregunta: Sí, recuerdo haberlo hecho.
KW: ¿Y le parece que funciona?
Pregunta: No exactamente, porque yo siempre sabía de antemano el
movimiento que iba a hacer mi "oponente". Como yo era el que
desempeñaba ambos papeles, la cosa no tenía la menor "sorpresa". Yo
siempre sabía lo que iban a hacer ambos contendientes, de modo que no resultaba
muy divertido. Para jugar a ese juego es necesario jugar con "alguien
más".
KW: Ése es, precisamente, el problema. Usted necesita a
"otro". De modo que, en el supuesto caso de que usted fuera el único
Ser de toda la existencia y quisiera jugar ―a
cualquier juego― se vería obligado a asumir el papel del otro y olvidarse, a continuación, de que está desempeñando ambos papeles.
De otro modo, como usted mismo dice, la cosa no tendría ninguna gracia. Usted
debe pretender que es el otro con tal convicción que llegue a olvidarse de que
está desempeñando ambos papeles porque, en caso contrario, el juego no
resultará nada divertido.
Pregunta: De modo que, si usted quisiera jugar ―y creo que ése es
precisamente el significado del término utilizado en Oriente para referirse a
esta situación, lilah―, deberá comenzar
olvidándose de quién es. Amnesia.
KW: Eso es lo que a mí me parece y ésa ha sido también la
respuesta que han solido dar a esta pregunta los místicos de todas las
tradiciones. Si usted fuera el Uno y ―por causa de su exuberancia, plenitud y
superabundancia― quisiera jugar, regocijarse y divertirse, debería, en primer
lugar, crear a los Muchos y olvidar a continuación que usted es esos Muchos
porque, de otro modo, el juego no tendría la menor gracia. La creación, o
encarnación, es el gran Juego del Uno pretendiendo ser los Muchos para su
propio deleite y solaz.
Pregunta: Pero ese juego no siempre es divertido.
KW: Bien, sí y no. El mundo manifiesto es un mundo de
opuestos: placer y dolor, arriba y abajo, bueno y malo, sujeto y objeto, luz y
sombra. Pero si usted va a jugar el gran Juego cósmico ¿qué sería lo primero
que pondría en marcha? ¿De qué otro modo podría hacerlo? Si no hay partes,
jugadores, sufrimiento y muchos, usted seguirá siendo el Uno, el Único y el
Solitario, en cuyo caso ya sabe que no resulta nada divertido cenar solo.
Pregunta: De modo que el juego de la creación es el que pone en
marcha el mundo del sufrimiento.
KW: ¿Acaso le parece que es de otro modo? Porque los
místicos parecen estar de acuerdo en que hay un modo de salir del sufrimiento,
un modo de liberarse de los opuestos que conlleva la evidencia de que el
Espíritu no es bien versus mal, placer versus dolor, luz versus oscuridad,
vida versus muerte, totalidad versus parte u holístico versus analítico. El Espíritu es el gran Jugador que pone
en marcha el mundo de los opuestos ―"Yo, el Señor, he hecho la Luz a
partir de lo bueno y de lo malo. Yo, el Señor, he hecho todas estas
cosas"―, algo con lo que están de acuerdo los místicos de todo el mundo.
El Espíritu no es sólo la mitad buena de los opuestos, sino el fundamento mismo
de todos ellos. Nuestra "salvación", por tanto, no consiste en encontrar
la mitad buena del dualismo sino en descubrir la Fuente de ambas mitades,
porque eso es, precisamente, lo que somos. Nosotros somos las dos mitades del
gran Juego de la Vida, porque, en nuestra más profunda intimidad, hemos dado
vida a los opuestos para poder jugar a este gran juego cósmico.
Ésa, al menos, ha sido la
respuesta "teórica" que han dado casi todos los místicos a esa
pregunta. Como dicen las Upanishads, la "no dualidad" consiste en "la
liberación de los pares", es decir, la liberación de los opuestos, la
liberación de la dualidad, hasta llegar a descubrir El Único Sabor del que
emanan. Ésa es la liberación que acaba
con el sueño imposible y doloroso de malgastar la vida tratando de encontrar un
arriba sin abajo, un interior sin exterior, un bien sin mal o un placer sin su
inevitable dolor.
Pregunta: Antes señaló que también iba a dar una respuesta más
personal a esta pregunta.
KW: Así es. La primera vez que tuve un atisbo del nirvikalpa samadhi ―la absorción meditativa en el Uno sin forma― recuerdo
haber tenido el vago sentimiento ―ciertamente difuso y sutil― de que no quería
estar solo en esa inmensidad. Recuerdo haber sentido, de un modo muy vago pero,
al mismo tiempo, muy patente, que quería compartirlo con alguien. ¿Qué puede
uno hacer en ese estado de soledad?
Pregunta: ¿Manifestar el mundo?
KW: A eso, precisamente, me refiero. Y yo sospeché, de un
modo ciertamente un tanto torpe, que la salida de la Unidad sin forma y la
caída en el mundo de los Muchos suponía sufrir,
porque los Muchos siempre nos hieren al tiempo que nos ayudan. ¿Y sabe usted
que estaba contento de abandonar la paz del Uno aunque eso supusiera
experimentar el dolor de los Muchos? Tal vez esto pueda transmitirle el aroma
de lo que han visto los grandes místicos y que mi limitada experiencia parece
corroborar: usted es el Uno creando libremente el dolor de los Muchos ―el
dolor, el placer y la totalidad de los opuestos― porque usted decide
deliberadamente no morar en la soledad exquisita del infinito ya que no quiere
cenar solo.
Pregunta: ¿Y qué ocurre con el dolor implícito en todo ello?
KW: Es algo libremente elegido
como parte del necesario Juego de la Vida. No es posible tener un mundo
manifiesto sin los opuestos del placer y del dolor. Es por ello que, al
desembarazarse del dolor ―del pecado y del sufrimiento, dukkha―, usted recordará quién es. Este recuerdo, esta
remembración, esta anamnesis ("Haced esto en conmemoración mía")
significa "Haced esto para recordar el Yo que sois", Tat Tvam Asi. Las grandes religiones místicas del mundo son prácticas
para acallar el pequeño yo que pretendemos ser ―el causante de todo el dolor y
el sufrimiento que experimentamos― y Despertar el Gran Yo que constituye
nuestro Fundamento, nuestra Meta y nuestro Destino... "Dejad que esta
consciencia sea en vosotros como fue en Jesucristo".
Pregunta: ¿Acaso es ésta una realización del tipo todo o nada?
KW: Normalmente no. Lo habitual es que consista en una
serie de atisbos de Un Solo Sabor, atisbos del hecho de que usted es uno con
toda manifestación, tanto en sus aspectos positivos como en sus aspectos
negativos, en el calor como en el frío, en la alegría como en el sufrimiento.
Usted es, literalmente, el Kosmos. Y
éste es un hecho que usted va descubriendo a través de vislumbres cada vez más
claros del infinito, hasta llegar a comprender exactamente cómo comenzó el
juego maravilloso y terrible de la vida. Pero, en última instancia, no se trata
de un juego esencialmente cruel porque nadie sino usted alienta este Drama,
este Lilah, esta Kenosis.
Pregunta: ¿Y qué hay acerca de la noción de que las experiencias
de "Un Solo Sabor" o de "conciencia kósmica" no son más que
un subproducto de la meditación y que, en consecuencia, no son "realmente
reales"?
KW: Eso puede ser dicho de cualquier conocimiento que
dependa de un método. La "conciencia kósmica" suele depender del
instrumento de meditación como el núcleo de una célula depende del microscopio
con el que lo observamos. Pero ¿acaso se le ocurriría decir que el núcleo de la
célula no es real y que no es más que un subproducto del microscopio? ¿Acaso
las lunas de Júpiter son irreales por el hecho de depender de un telescopio?
Quienes afirman esto se niegan a mirar a través del instrumento de la
meditación como la Iglesia se negó a observar a través del telescopio de
Galileo y, por tanto, a ver las lunas de Júpiter. Tratemos ―con la mejor de nuestras
capacidades e impulsados por la caridad o la compasión― de convencerles de que
miren una sola vez y vean por sí mismos. No les obligue, simplemente invítelos
porque sospecho que, de este modo, podría abrirles un mundo completamente
nuevo, el mismo mundo que han visto todos aquellos que se han atrevido a mirar
a través del telescopio, del microscopio y de la meditación.
"Sea usted todo lo que pueda
ser". Porque el hecho, en realidad, es que cuantas más dimensiones de su
ser se hallen comprometidas en la búsqueda del Juego de la Vida, más probable
es que acabe descubriendo el hecho desconcertante de que usted es su Único
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