EN REALIDAD TODOS ESTAMOS DURMIENDO EN EL VACIO



Esta afirmación podrá parecer absurda, pero les aseguro que es verdadera. El ángel en el libro La Respuesta del Ángel es muy claro al respecto:

Gitta: ¡Qué bueno sería poder ya despertar a los otros!

Crees que hablas pero en realidad estás soñando.
Todos ustedes estáis dormidos, soñando los unos con los otros.
Creéis que están hablando los unos con los otros, porque la imagen del sueño es engañosa.
Quien está soñando no sueña que está dormido, sino que está despierto. Va, viene, hace cosas, habla, pero en realidad está acostado y duerme. Sin embargo viene el alba y las neblinas del sueño comienzan a disiparse.

EL NUEVO HACER SE ACERCA.

Se cumplirá cada sueño porque el sueño es también preparación.
El pequeño niño, cuando aún no ha nacido, también sueña en el vientre de su madre. Si no soñara, no podría nacer.
Todo lo que hacéis ahora son actividades soñadas, acciones soñadas, pensamientos soñados.
Que vuestros sueños se vuelvan cada vez más bellos, porque todos los sueños se tornaran realidad. El sueño también es fe…

(Silencio)

Gitta: tengo todavía una pregunta.

Por eso estoy aguardando.

Gitta: No logro vivir plenamente en el presente. Siempre estoy precipitándome hacia el futuro con la cabeza y sé que es incorrecto.

¡Si te vieras por un solo instante!
Estás acostada en el vacío y duermes.
Inmóvil y tranquila. Tu pie no corre.
Cada movimiento que haces no es más que un sueño…
(Conversación 22 con Gitta)

Podrá parecerles muy fantasiosa la aseveración que hace el ángel  (incluso algunos se preguntarán “¿Qué se fumó nuestro amigo alado que ahora si está volando?”  Bromeo).  Pero como muchas afirmaciones esotéricas (por ejemplo Urano, Neptuno y Plutón no pertenecen al sistema solar) no hay que considerarlas con nuestra comprensión cotidiana porque entonces parecen absurdas. Para comprenderlas hay que utilizar el conocimiento esotérico. Así es que permítanme guiarles a través de ese conocimiento para explicarles lo que quiso decir el ángel:

La Teosofía enseña que el ser humano es más complejo de lo que se piensa y que en realidad es una consciencia compuesta por un cuerpo físico y seis “envolturas invisibles”:


Sus siete principios se pueden agrupar en dos componentes:

  • LA INDIVIDUALIDAD (o la triada superior) constituida por el espíritu, el alma y el mental que es la verdadera Individualidad, la parte inmortal del hombre que viaja de vida en vida y 
  • LA PERSONALIDAD (o el cuaternario inferior) constituido por los cuerpos del deseo, de vitalidad, astral y físico que es la manifestación cíclica de la Individualidad en la Tierra y como tal es perecedera, requiriéndose renovar en cada reencarnación.


Como esa figura es muy abstracta, visualícenlo así:


Aunque no es del todo correcta, porque la imagen da la impresión que son dos seres diferentes, cuando en realidad es el MISMO ser, sólo que uno es la manifestación del otro en la Tierra. Para que lo comprendan, compárenlo con la flor. La personalidad es la manifestación de la flor (sus pétalos, sus hojas, su tallo) que cada año surge. Mientras que la individualidad es la raíz que existe invisiblemente. Cíclicamente la raíz proyecta su esencia al exterior para formar la flor y cuando el periodo de manifestación llega a su fin, la raíz reabsorbe la savia y la flor se marchita. La raíz no muere, es simplemente su exteriorización representada por la flor la que desaparece.


Lo mismo pasa con el hombre. Cuando este se va a reencarnar, su individualidad proyecta un rayo de su esencia hacia el mundo físico, formando la personalidad, que es la que vemos en la Tierra (las personas que viven en el mundo). Una vez que muere la personalidad, su “vehículo” en la Tierra (o sea su cuerpo) se desintegra, pero su “savia”, su esencia, regresa a su origen: la individualidad.


¿Dónde vive la individualidad?

Para comprenderlo, imaginen que la Creación está constituida en realidad de tres grandes planos de existencia.


-        abajo es el mundo físico,
-        en medio está el astral (el Kama-Loka) que es una zona intermedia, y
-        arriba se encuentra el mundo divino (plano mental, Paraíso, Devachan, etc.)

La individualidad reside “arriba” en el mundo divino. Pero no se la imaginen activa y moviéndose como lo está la personalidad en la Tierra. En realidad la individualidad está durmiendo.


¿Por qué está durmiendo?

Porque está esperando su príncipe azul que la despierte. (Bromeo)

En realidad es porqué está en proceso de nacer, y al igual que el pequeño niño duerme en el vientre de su madre, la individualidad al inicio de su desarrollo es como un pequeño bebé que duerme mientras que se prepara a nacer a lo que podríamos llamar la “Vida cósmica”.



¿Cómo hace la individualidad para nacer?

Imaginen la individualidad como una esfera transparente que necesita volverse un pequeño sol brillante. Dado que arriba se encuentra en el “vacio” no tiene forma de desarrollarse. Lo que va a hacer entonces la individualidad es proyectar una parte de ella hacia el mundo físico para formar a la personalidad, y que esta adquiera a través de la vida que va a llevar durante su reencarnación en la Tierra, las experiencias y desarrollo de consciencia que la individualidad necesita.


Cuando la personalidad muere, vuelve a unirse con la individualidad, llevando con ella toda esa “luz” que acumuló (las buenas cualidades que desarrolló y en general todo lo positivo que generó), aunque también llevando una buena parte de “negrura” (vicios, defectos, karma negativo, etcétera). Sin embargo, debido a la muy alta vibración en la que vibra el mundo divino, sólo puede tener cabida ahí lo que tiene una vibración equivalentemente alta que es el amor, la bondad, lo sublime, etc.

Por lo tanto, la personalidad antes de entrar al mundo divino va a desechar todo lo que en ella es negativo en el astral que es por así decirlo el basurero donde se queda toda la inmundicia incapaz de ascender al mundo divino. Posteriormente, en la siguiente reencarnación el hombre tendrá que responsabilizarse por esa inmundicia suya.

Mientras tanto la consciencia de la personalidad habiendo vuelto a integrarse con la individualidad es recompensada por su esfuerzo en la Tierra, soñando con los momentos más dichosos que vivió durante su estancia en la Tierra, y que sirve para que la individualidad asimile las experiencias que la personalidad aportó.


(Todo esto lo detallo en ¿cómo es la vida en el más allá?)

Sé que no es fácil concebir la diferencia entre individualidad y personalidad. Para facilitarles la compresión, imaginen a la individualidad como un actor “cósmico” y a la personalidad como el personaje que interpreta cuando está en la Tierra. Pero por actor no me refiero a un adulto plenamente desarrollado, sino a un pequeño niño todo inocente que todavía no sabe nada de la vida, y que está encerrado en un cuarto oscuro (el “vacio” situado en el mundo divino). Sólo puede interactuar con los otros, aprender y desarrollarse cuando desciende a la Tierra, pero al momento de sumergirse en la materia, pierde la consciencia que es un ser cósmico (pequeño, inmaduro, pero que es un ¡Ser divino!). Despierta en ese gran escenario de teatro que es la Tierra, como un niño (esta vez de carne y hueso) que va ir creciendo, que se vuelve joven, adulto, anciano y finalmente fallece (la vida de todo el mundo).

Imaginemos que ese niño cósmico no sabe lo que es el amor (les digo que es todo inocente) y durante su vida terrestre va a descubrirlo enamorándose por primera vez, pero como es una joven alma que todavía no tiene muy depurado su principio kama (el cuerpo del deseo) va a tratar egoístamente a su pareja.

Cuando regrese a su cuarto oscuro en el mundo divino, sólo va a llevar con él, el recuerdo del amor que tuvo y dejará en el astral el egoísmo que manifestó. Después de asimilar la bonita experiencia que tuvo se dirá “entonces eso es amar”. Y al momento que va a volver a renacer, el Señor de Karma le dirá: “si, pero tienes que aprender a amar con bondad, no con egoísmo”. Entonces en su siguiente reencarnación pasará por una serie de experiencias que lo confrontarán a su egoísmo para que desarrolle la cualidad contraria (la generosidad).

Y así a través de las sucesivas reencarnaciones, el niño cósmico va poco a poco ir desarrollando en él las cualidades que requiere para su Vida cósmica (a partir del amor terrestre descubrirá lo que es el amor cósmico, etcétera) hasta que un día despierta a la Realidad superior y el cuarto oscuro (que simplemente era una matriz en donde reposaba en lo que se preparaba a nacer) desaparece y descubre la Creación como realmente es. (Todavía no pongo un capitulo al respecto, pero pueden hacerse una idea de lo que hablo, leyendo ¿es bueno o malo tener sueños en la vida?)

Durante un cierto tiempo todavía va a seguir reencarnado en la Tierra y su desarrollo (que fue acumulando a través de las múltiples reencarnaciones que pasó) genera tanta luz divina que incluso es perceptible en el plano físico. Esos seres son lo que nosotros llamamos los grandes Maestros.


(A los Maestros, ya no me atrevo llamarlos personas porque ya no están atados a una personalidad cuando están reencarnados en la Tierra, el velo de la materia ya no los nubla. Están al mismo tiempo conscientes del mundo físico, como del mundo divino.)

Y seguirán con su desarrollo hasta que llegue el momento en que ya no tendrán que descender a la Tierra. Entonces comenzarán su existencia realmente como “Seres Cósmicos”. (Ver entrada a nirvana: Buddha egoísta vs Buddha de compasión)

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Como pueden ver el ángel se refiere a nosotros como individualidades y no como personalidades, porque los ángeles son seres tan elevados, tan divinos que no pueden pronunciar nada que no sea la Verdad más profunda. Es por eso que durante las conversaciones que tuvieron con estos amigos húngaros, a Hanna la llamaban “aquella que habla”, a Joseph lo llamaban “el hijo” y no pronunciaron los nombres que sus padres genéticos les habían dado porque no correspondían a su verdadera naturaleza interior, y por eso el ángel en la primera conversación dijo:

-        “Recibirás un nombre nuevo. Ese nombre ya existe, pero no puedo todavía revelarlo”.

Para ellos (y de manera general para los seres elevados) el mundo físico, la materia es sólo una ilusión, un “sueño”, porque es temporal. Es solo energía que se condensa durante un cierto tiempo para tomar cierta forma, con el propósito de ayudar a la Creación en su trabajo evolutivo, pero que después se desintegra para volver a ser lo que siempre fue: energía.

Igual la personalidad sólo existe mientras que el actor la interpreta en esa escuela evolutiva que es la Tierra. Una vez que la persona muere, el personaje que estuvo interpretando deja de existir. La personalidad es temporal y por lo tanto es también una ilusión. El niño cósmico no va a decirse “yo soy Pedro, yo soy Juan”. El niño cósmico va a decirse: “Yo soy la síntesis de lo mejor de todos esos personajes que he interpretado en la Tierra”.

Y es por eso que cuando Gitta le preguntó al ángel en la conversación:

-        ¿Quién soy yo?

El ángel le respondió:

-        El momento es mal escogido para preguntarlo, porque todavía estás en proceso de formarte actualmente. Y cuando te hayas formado, ya no tendrás que preguntar.

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